El Real Madrid solo se jugaba su honor en el RCDE Stadium. Los blancos han perdido la Liga, eso es una evidencia, pero haber tenido que hacer el pasillo a los azulgranas y jugar contra ellos 90 minutos con la grada del Spotify Camp Nou cantando "campeones" hubiera sido un clavo más al ataúd del proyecto blanco. Eso sí, delante tenían a un equipo con todo en juego. Un equipo que es capaz de lo mejor y de lo peor. Capaz de estar cuarto en la primera vuelta a terminar en plena lucha para no descender y siendo uno de los máximos candidatos. Hay cosas que tienen difícil explicación. El Madrid tiene un problema con Carreras También es difícil de explicar el polvorín que hay en el vestuario del Real Madrid. Eso está muy roto y a ver quién es capaz de arreglarlo. La semana pasada veíamos a Carvajal criticando a Trent por bajar caminando una contra y en el RCDE Stadium el protagonista fue Álvaro Carreras. El Real Madrid se gastó 50 millones de euros en el gallego. 'Secó', en teoría, a Lamine Yamal en un encuentro con el Benfica y el Madrid se encaprichó. Su temporada es una montaña rusa, de ser indiscutible a no ser el suplente del suplente. Ha jugado cuatro partidos de los últimos 12 y su relación con Arbeloa no está pasando por un buen momento. De ser el único fichaje que funcionaba, a no ser útil. Las cosas en Madrid cambian muy rápido. Carreras no se escondió en Cornellà. Mendy fue titular; ya le ha robado la titularidad desde hace tiempo, pero el francés cayó lesionado a los 10 minutos. Entonces fue cuando Arbeloa prefirió a Fran García, algo que no entendió el gallego, que fue captado por las cámaras de Movistar Plus riéndose del cambio. Un gesto que ha enfurecido mucho al madridismo. Y claro, en este ecosistema donde todo arde a la mínima chispa, el gesto de Carreras no es solo una risa, es gasolina. Porque en el Real Madrid actual cualquier detalle se magnifica, cualquier mirada se interpreta y cualquier decisión del banquillo parece una declaración de guerra. Sea Mourinho, sea Klopp o sea quien sea, hay mucho trabajo por hacer en ese vestuario. Gil Manzano, enemigo número 1 en Cornellà Muchas veces criticamos a los árbitros injustamente. Su trabajo es el más difícil sobre el terreno de juego; están solos ante el peligro. Pero la decisión del domingo de Gil Manzano es indefendible. ¿Cómo se puede sacar roja directa en una acción donde no hay absolutamente nada? A un metro de la jugada estaba el extremeño. El Hilali y Vinicius se las tuvieron durante toda la primera parte. Pique mítico entre extremo y lateral. El primero en golpear fue Vini: amarilla para el brasileño. El segundo fue el marroquí, pero para sorpresa de todos se llevó la roja por parar una contra del Madrid con una leve zancadilla a Vinicius. El estadio se llevó las manos a la cabeza; incluso los jugadores del Madrid no entendían la decisión. Lo más surrealista fue el momento de la revisión. Ni cinco segundos tardó Figueroa Vázquez en avisar a Gil Manzano para que fuese al VAR. Y ni cinco segundos estuvo el extremeño a ver la burrada que había indicado y quitarle la roja al lateral perico. Ojalá el VAR fuera así de rápido siempre. El público estalló contra Gil Manzano. Esto viene de lejos. El colegiado fue el encargado de dirigir un catastrófico Valencia - Espanyol para los pericos en 2023. El día que certificaron su vuelta a Segunda. Los aficionados blanquiazules le atribuyen la culpa de ese desenlace por varias acciones polémicas. Este domingo era la primera vez desde el 2023 que volvía a pitar un partido en el RCDE Stadium. 25 minutos le bastaron para tener a todo el público flipando con otra decisión muy polémica. Vini es más Vini sin Mbappé Para finalizar, vamos con Vinicius. Es muy difícil que, por A, por B o por C, Vinicius no sea protagonista en un duelo del Madrid. El brasileño está en su salsa cuando no está Mbappé en el campo. Marcó dos golazos para evitar un pasillo doloroso en el Camp Nou, pero estuvo todo el partido recordando a ese Vini del pasado. Arrancó torpe, trabado, sin conseguir superar a los defensas locales y muy pitado. El público del RCDE no le pasaba ni una. Se encaraba con El Hilali, pitada. Protestaba una acción, pitada. Perdía la pelota; empezaban los gritos de "Vinicius, Balón de Playa". Pero, a diferencia de otras veces, el brasileño no entró en el juego y se centró en el partido. Con dos chispazos suyos sentenció el encuentro y se acordó del público en la celebración del primero. Vini en estado puro. Porque Vinicius vive en ese equilibrio imposible entre el genio que decide partidos y el jugador que parece empeñado en discutirlos todos. Cuando está centrado, es imparable; cuando no, se convierte en su peor rival. Y anoche fue un poco de todo.
E
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